El rabel que ha llegado a nuestros días es, según las zonas y las formas, descendiente directo de los primitivos rebabs árabes o de las fídulas medievales, según sea su forma ovalada o de ocho, respectivamente. Sin embargo puede decirse que a veces se ha producido una fusión entre ambas formas y estilos de tocar el instrumento (sobre las rodillas o sobre el pecho) que enriquecen y dan variedad a la tipología más frecuente. A todo ello se puede unir que en determinadas zonas de Cantabria y Asturias todavía se llama a algunos de estos instrumentos "bandurria" (sobre todo los que tienen forma de ocho), tal y como se denominaba en el siglo XVI a un instrumento de tres cuerdas y sin trastes que se tocaba con púa y que tenía un sonido muy agudo.